Con una extensión de más de 2.000 km. cuadrados, casi 100 de frontera con Francia y una naturaleza extraordinaria, conservada intacta durante siglos, el Pirineo Oriental se ofrece como una opción singular y diferenciada del resto de Navarra.
Aquí, donde el hombre conserva sus tradiciones más ancestrales, siempre relacionadas con el pastoreo y la explotación forestal, encontramos además las cumbres más altas, los bosques más frondosos y extensos, las foces más profundas y las especies faunísticas más raras.
Es un paisaje diferente, de nieve, agua y sol que se deja descubrir poco a poco en un viaje que muestra sus dos caras: normalmente la más dulce, y a veces la más salvaje.
Sus pueblos, cuna de ilustres conquistadores y cortesanos, combinan armónicamente lo señorial con lo popular, mostrándolo en sus casas-torre, palacios y caseríos.

Las tradiciones han sabido conservarse en múltiples manifestaciones, capaces de hacernos retornar a tiempos mágicos y misteriosos: fiestas coloristas y carnavales espectaculares, el recuerdo de la brujería en algunos lugares, una gastronomía sorprendentemente natural...

Si lo que buscamos es tranquilidad, la naturaleza bien cuidada y el contacto con la cultura tradicional, esta zona nos lo ofrece. Por esta razón, cabe decir que el principal atractivo del Pirineo navarro es su riqueza natural y paisajística.