Cada año el día seis de julio, a las doce del mediodía, Pamplona se convierte en capital mundial de la fiesta. Durante nueve días y nueve noches, la capital navarra se viste de blanco y rojo, la alegría se desborda y la música y el champán se adueñan de las calles.

Entre el 7 y el 14 julio, a las ocho de la mañana, numerosos “mozos” corren delante de las astas de seis toros durante ochocientos interminables metros. Durante menos de tres minutos, las principales calles por las que discurre el famoso encierro de Pamplona, Cuesta de Santo Domingo, Curva de Mercaderes, Calle Estafeta y la Plaza de Toros de Pamplona, destilan emoción y adrenalina.

La procesión de San Fermín es uno de los actos más emotivos de la fiesta. Cada 7 de julio, el Santo recorre las vistosas calles del Casco Antiguo de la ciudad ante la emoción contenida de los pamploneses.